BABY WOODROSE – Gruta 77 (Madrid), 08/01/2010

Lorenzo Woodrose está en buena forma. Muy buena. Cerró el pasado ejercicio facturando con sus propias manos uno de los más reivindicables álbumes de la temporada y ha arrancado el presente rayando a similar nivel en directo, para gozo y deleite de aquellos que no le han vuelto la espalda y contrariedad de más de un cenizo que lo dio prematuramente por perdido en sus vicios y demonios internos. Puso en órbita el danés un repertorio vigoroso y embriagador, cimentado casi exclusivamente en su triada más rotunda y concisa (los seminales Blow Your Mind y Money For Soul y el mencionado Baby Woodrose) y salpimentado por su tributo a los nunca bien ponderados The Painted Faces en forma de “I Lost You In My Mind”, la concesión a su indisimulada vena más pop con el “Till The End Of The Day” de los Kinks y su sorprendente relectura en clave de medio tiempo del “Beat City” de The Raveonettes, puntual remanso de calma entre la distorsión y la fogosidad dominantes. Con una segunda guitarra ocupando el lugar del Hammond como cuarto huésped de la nave, el acento psicodélico devino esta vez en arrebato eléctrico y los cuelgues oníricos mudaron en paroxismo guitarrero, dejando para mejor ocasión la hipnosis y la experimentación y desbocando en su lugar la vertiente más fibrosa y frenética de la criatura, mucho menos narcótica pero igualmente subyugante. Tanto como cabía esperar o incluso más.

Publicada en el número 268 (febrero de 2010) de la revista Ruta 66

ROCK CITY MORGUE. Gruta 77 (Madrid), 10/05/2010

Rock City Morgue

Apuntaron siempre estos entrañables monstruos de Nueva Orleans a nuevo (e inmerecido) secreto demasiado bien guardado en las catacumbas del rock, y es más que probable que nunca lleguen a asomar cabeza fuera de ellas, si bien esta vez al menos hubo inesperada y positiva respuesta por parte de cierto sector de la tropa capitalina al que todavía se le intuye algo de criterio a la hora de no guiarse por los arcanos de las revistas de tendencias, el blog del iluminado de turno o vaya usted a saber qué otro extraño designio. Aún se antojó éste exiguo premio para una banda tan estimulante como Rock City Morgue, que con tanto fuste arma lo suyo en torno a un trasfondo de horror y serie B que en ellos no chirría ni resulta impostado, una colección de canciones robustas como robles y una presencia escénica que debería ser materia de estudio en las escuelas. Quedaría por ver, claro está, qué centro educativo se atrevería a contar como catedrático con un tipo tan hipnóticamente inquietante como Rik Slave, una suerte de imposible híbrido entre Mick Jagger, Nick Cave, John Waters y el Monstruo de la Laguna Negra que llena y devora las tablas y se maneja con voz más que notable tanto en las tonadas propias como en los acertadísimos guiños a Roky Ericson en forma de «Night Of The Vampire» y «I Walked With A Zombie». Si con un discazo como The Boy Who Cried Werewolf y bolos como este no dejan de ser de una maldita vez “la nueva banda de la tía que tocaba el bajo en White Zombie”, aquí estará fallando algo. Y no serán ellos, desde luego.

Publicada en el nº 272 (junio de 2010) de la revista Ruta 66

JADED SUN. Gruta 77 (Madrid), 15/09/2009

De todos los colores nos habían pintado a los dublineses en las vísperas de su paso por Madrid, y al final tuvimos que darle la razón a los que menos se mordieron la lengua a la hora de referirse a aquello como un soberano coñazo. Desde luego, se pasaron varios pueblos, pedanías y puertos de alta montaña los que pretendieron ponerlos al nivel de compatriotas de tan intachable oficio como Glyder o The Answer, con los que el parecido comienza y termina en la denominación de origen y ni por asomo se traslada a lo expuesto sobre las tablas por unos y otros. Venían Jaded Sun precedidos por Gipsy Trip, un disco aseadito y hasta cierto punto interesante, con un puñado de temas resultones y unas referencias tan obvias como poco sospechosas (Zeppelin, Stones, y, muy especialmente, Aerosmith) que se quedaron en nada por su manifiesta y sorprendente inoperancia a la hora de imprimirle a su directo un mínimo de ritmo, empaque, presencia escénica o agallas. Salvando la labor vocal de John Maher, tan hacendoso con la garganta como nulo en carisma y vivacidad, pocas buenas nuevas hubo: el resto fue puro tedio con el material propio y auténtico sonrojo con las incursiones en el ajeno (lo que hicieron con el “Sting Me” de los hermanos Robinson fue como para dictarles una orden de alejamiento de sus propios instrumentos). Pasemos página y que entre el siguiente. Si todos los presuntos mesías del rock que algunos tratan de vendernos fuesen como estos, el invento nos iba a durar dos días.

Publicada en el número 266 (diciembre de 2009) de la revista Ruta 66

MAD SIN. Gruta 77 (Madrid), 24/09/2009

Despertaba notoria ansiedad entre la parroquia psychobilly este nuevo pase de los germanos tras lo acaecido en el anterior, accidentado coitus interruptus en el que una afección respiratoria mantuvo al inmenso Koefte DeVille a punto de escupir sus propios pulmones durante todo el bolo y terminó mandando sus huesos fuera de  escena antes de tiempo. Afortunadamente, no corrió la sangre ni crujieron los huesos como en similares veladas (ensaladas de hostias mucho más coloridas hemos visto en recitales de este mismo pelaje), quedando la violencia y la demencia sobre unas tablas en las que fue difícil dilucidar en qué medida se trasladó esa tensión a unos Mad Sin que tuvieron poco de ente permeable a estímulos externos y mucho de apisonadora que arrasa con todo sin remilgo, aún más frenética y robusta que de costumbre con el ex-Bamboula Matt Vüdü imprimiéndole renovados bríos a las guitarras y un Koefte sencillamente imperial a la hora de desencadenar, guiar o contener los disturbios físicos y acústicos. Sin sorpresas en el repertorio, se cascaron casi completo y con algún añadido el plástico en vivo de 20 Years In Sin Sin, o lo que es lo mismo, un intachable puñado de gemas psychobilly de esas por las cuales otros matarían por llegar a enganchar un par a lo largo de toda su carrera y ellos despachan de 20 en 20 como aquel que recoge cardillos en la sierra. Si en el estudio de grabación del que se escaparon para esta gira están liándola igual de parda, a Dead Moon’s Calling le aguarda un sucesor de órdago.

Publicada en el número 265 (noviembre de 2009) de la revista Ruta 66

AL & THE BLACK CATS. Gruta 77 (Madrid), 19/12/2008

Al & The Black Cats

Lo de estas tres fieras de Michigan sobre el escenario es uno de esos espectáculos que crean afición y le hacen hervir la sangre a cualquiera. Y sin pretender inventar la rueda ni nada por el estilo, que lo que los muchachos facturan con enfática y encomiable entrega no es otra cosa que rockabilly del de toda la vida. Ortodoxo cuando toca serlo y bronco como una mula si lo que deciden es encabritar la máquina y lanzarla sin freno por la cuesta del psychobilly, pero simplemente rockabilly al fin y al cabo, que lo de la vanguardia y la cuadratura del círculo mejor se lo dejamos a otros con mayores ínfulas y más tiempo que perder. Al & The Black Cats son de los que siguen creyendo que la gracia de esta historia radica en contar con canciones como puños y defenderlas con éstos si hace falta, arrollando con himnos propios sin el menor desperdicio y un ecléctico arsenal de versiones en el que no faltan ni los clásicos inmarcesibles de impacto garantizado («Overkill», «Folsom Prison Blues») ni las muestras del sentido del humor más bizarro (¡el «It’s My Life» de Bon Jovi!). Desde luego, viendo lo turgente y desbordante de su directo, no resulta nada extraño que el propio Al Krivoy (sí, el que da nombre al grupo) decidiese hace años dejarles volar libres cual padre orgulloso, al constatar de primera mano que el trío cuenta con una energía, una presencia escénica y una espontaneidad que para sí ya habrían querido, sin ir más lejos, los Stray Cats que nos visitaron hace unos meses en su cacareado tour de despedida. Así de claro.

Publicada en el nº 257 (febrero de 2009) de la revista Ruta 66

THE BLACK HALOS. Gruta 77 (Madrid), 04/05/2008

The Black Halos

No es que sorprenda, porque estamos curados de espanto y esto ya lo hemos visto mil veces, pero, precisamente por eso, no deja de alucinar en ocasiones el jugo que se le sigue sacando a una fórmula tan simple y gastada como es la de dejarse guiar por la vieja brújula que tiene en sus puntos cardinales a los Stooges, Ramones, New York Dolls y Dead Boys, especialmente cuando quien la usa no es precisamente un dechado de talento. Coincidiremos en que la escucha de cualquiera de sus cuatro obras de estudio resulta francamente adictiva, pero también asumimos que hacen falta muchas ganas para acometer la búsqueda de matices o signos de evolución en la discografía de los Halos. Sin embargo, esas mismas canciones que en disco no pasan de correctos entretenimientos, se convierten sobre el escenario en arrebatadores ataques frontales por obra y gracia del factor Billy Hopeless y su patológica adicción al exceso. El tipo posee una de las voces más desagradables que se hayan registrado sobre los surcos de un vinilo en los últimos 20 años y resulta tan sexy como un perro muerto en mitad de la carretera, pero es innegable que tiene ese algo que atrapa tu atención, en una imposible mezcla de seducción y repulsión que impide apartar los ojos de su indómito despliegue de lascivia, violencia y glamour de almacén de extrarradio. Desafortunadamente, no son sólo los méritos de Hopeless los que le convierten en el único centro de atracción, sino que a ello contribuye la mediocridad de la banda que actualmente le acompaña, en la que sólo resiste el veterano Rob Zgaljic junto a tres chavales de talento dudoso y presencia escénica nula, capaces de tocar correctamente «Disbelief» o «Shooting Stars», pero a los que no se les pueden pedir mayores alardes. El propio Billy no lo hace, porque tampoco necesita más y sabe que esto es lo que hay. El sabor de este chicle estirado hasta el infinito comienza a dar señales de agotamiento, pero aún sigue invitando a masticarlo con violencia y salivar como un perro.

Publicada en el nº 251 (julio/agosto de 2008) de la revista Ruta 66

THE LORDS OF ALTAMONT. Gruta 77 (Madrid), 06/10/2008

The Lords of Altamont

Parece demostrado que hay algo caótico irremediablemente asociado a The Lords Of Altamont, o al menos ese es el territorio en el que andan afincados si es su tremebundo directo a lo que nos referimos. Compararlo con los incendiarios y violentos recitales que hace tres décadas ofrecían las bandas que todos tenemos en mente sería demasiado osado o directamente ridículo, aunque no es menos cierto que el de Jake Cavaliere es uno de los pocos combos que a día de hoy aún conserva ese halo de imprevisibilidad y peligro que hace hervir el ambiente y eriza los sentidos, provocando la sensación de alerta permanente y excitación que este rollo jamás debió perder. La excusa para semejante desmadre fue en esta ocasión el estreno del inspirado y certero The Sin Of Altamont, un trabajo más dinámico y heterogéneo que sus dos predecesores, del que extrajeron con tino «Living Hell», «Gods & Monsters» y «Going No Where Fast», nuevas embestidas que se codearon con soltura junto a viejas favoritas de impacto seguro como «$4.95», «Action» o «Cyclone». Idéntico voltaje le agregan a sus desquiciadas relecturas en clave garage-punk del «Knock Knock» de The Human Society o el infalible «Kick Out The Jams», con uno de cuyos orgullosos padres cuentan ahora como miembro permanente. Añadiéndole el toque legendario y no poca prestancia a tan visceral y descontrolado conjunto ahí estaba el bueno de Mike Davis, cómodamente ubicado en una discreta segunda línea desde la que parece disfrutar su papel de honorable veterano de todas las guerras, afortunadamente alejado de la bochornosa pantomima que venía protagonizando últimamente junto a Kramer y Thompson. No cabe duda de que el abuelo ha ganado con la maniobra, tanto en dignidad como en deleite propio y ajeno. Por supuesto, siempre habrá quien piense que el bueno de Jake no sabe hacer más que saltar sobre su maltrecho Farfisa, pero ya se sabe que gente sin sentido de la diversión la hay en todas partes. Qué se le va a hacer.

Publicada en la revista Ruta 66 nº 247 (marzo de 2008)