THE WILDHEARTS. El Sol (Madrid), 16/10/2008

The Wildhearts

Grupo maldito, banda de culto, bastardos sin suerte… Lugares comunes y sandeces más o menos afortunadas para recalcar algo tan obvio como el hecho de que The Wildhearts son una formación con un discografía sin fisuras y un directo superlativo, pero con un predicamento y una capacidad de convocatoria muy inferiores a los que corresponderían a un combo con semejantes galones. Al diablo con todo: los asistentes a los tres recitales peninsulares de los británicos saben que los desgraciados son los otros, los que se lo perdieron. Tildar de históricas estas actuaciones nos devolvería al maniqueo territorio de la frase hecha, aunque poco menos se puede decir de un bolo que arranca con dos sopapos como «Vanilla Radio» y «Caffeine Bomb» y ya no afloja el pistón en ningún momento, agarrándote por el pescuezo y no dejándote ni una sola vértebra en su sitio. No se queda la cosa, sin embargo, en el simple despliegue de pepinazos punkrockeros vibrantes y desbocados, pues si bien en ese terreno The Wildhearts combustionan a plena potencia, no lo hacen menos en el desarrollo de auténticas gemas de orfebrería metal pop, evidencias de la hiperbólica efervescencia creativa del viejo Ginger y de la capacidad de la banda para bascular entre la melodía de «Sick Of Drugs» y la rabia furibunda de «Suckerpunch», apabullar con un monolítico «Everlone» y soltar una revisión del «Carmelita» del difunto Warren Zevon como el que no quiere la cosa. La liaron tan gorda que consiguieron dejarse alucinados a sí mismos (las caras de sorpresa y satisfacción de Ginger y CJ al ver la sala en pleno coreando «Rooting For The Bad Guy» fueron para enmarcarlas), montando tal jolgorio que hasta Jason Ringenberg decidió adelantar una noche su aparición sobre el escenario de El Sol y sumarse a la fiesta con versión de los Scorchers incluida. Con el debido respeto a Stacey Earle y Mark Stuart, dudo muchísimo que el de Illinois disfrutase del mismo modo al día siguiente…

Publicada en el nº 255 (diciembre de 2008) de la revista Ruta 66

HEAVY TRASH. El Sol (Madrid), 17/10/2007

A John Spencer y Matt Verta Ray les sienta bien el respaldo de The Sadies en la medida en que éste les dota de mayor empaque y les ayuda a llenar grandes escenarios como los del Azkena Rock Festival, pero es innegable que son las pequeñas salas humeantes y el formato reducido las condiciones más propicias para disfrutar con la música de Heavy Trash. Temas tan viscerales como «Kissy Baby», «The Loveless» o «Crazy Pritty Baby» demandan calor y sudor, poder sentir de cerca el magnetismo animal y la voracidad escénica de Spencer y maravillarse con la infinita elegancia que despliega Verta Ray, un tipo al que la clase apenas le cabe en el traje. Seguramente sea el primero el que concentre un mayor número de miradas con su compulsiva verborrea y sus abrasivos exabruptos, pero es realmente su cómplice el que ejerce de cerebro en la sombra del dúo, sustentando firmemente desde un plano algo más discreto el pulso de «Outside Chance», «That Ain’t Right» y «Yeah Baby», piezas de un engranaje de rock n’ roll grasiento y luminoso como la brillantina de sus flequillos. Como única pega, cabría reprocharles su terquedad a la hora de centrarse excesivamente en el reciente Going Way Out With Heavy Trash (un álbum sensiblemente más flojo que su debut) y dejarse en el tintero cartuchos como «Justine Alright» o «Dark Hair’d Rider», aunque esto tampoco impide que las sarcásticas y sensuales melodías de su rockabilly de serie negra sigan siendo uno de los mejores planes que se puedan tener una fría noche de miércoles en la ciudad. Cuestión de savoir faire, supongo.

Publicada en la revista Ruta 66 nº 244 (diciembre de 2007)