Corpse Paint – Las pinturas de guerra de Satán

Per Yngve Ohlin, más conocido como Dead, era un hombre profundamente obsesionado con la muerte. Un individuo melancólico, oscuro y depresivo, que se veía a sí mismo como un auténtico muerto en vida y que se empeñó en llevar su tanática pulsión hasta el extremo en todos los sentidos, culminando con su sangriento suicido a la edad de 22 años en 1991. Un trágico punto y final no demasiado sorprendente para una trayectoria en la que su afán por alcanzar nuevas cotas de extremismo con Mayhem (banda de la cual fue vocalista desde 1988 hasta la fecha de su óbito) lo llevó a rodearse constantemente de muerte, putrefacción y automutilación, reconvirtiendo incluso su propia imagen en la de un cadáver por medio del corpse paint, estilo de maquillaje facial y corporal indisolublemente asociado desde entonces con el black metal noruego. No fue el suyo el primero, ni quizás tampoco el más definitorio, pero sí puede considerarse como el responsable de su popularización y de su conversión en elemento casi obligatorio en una escena en la que el impacto visual y el componente ceremonial poseen una importancia capital.

Corpse Paint

Retrotraernos a los orígenes del corpse paint nos sitúa, sin embargo, casi 25 años antes de que el maltrecho cerebro de Ohlin salpicase su nota de suicidio. Centrándonos exclusivamente en el mundo del rock, los primeros nombres en aparecer en la lista serían los de Screaming Lord Sutch, Arthur Brown y, muy especialmente, Alice Cooper y Kiss, influencia capital (reconocida en mayor o menor medida) para cualquiera que en algún momento haya recurrido al maquillaje blanco y negro para conseguir una imagen malvada, inhumana y terrorífica. El sentido esencialmente lúdico con el que estos pioneros del shock rock utilizan sus pinturas desaparece (al menos en teoría) al adentrarnos en las procelosas aguas del metal extremo, en las que Death SS, King Diamond, Venom y Hellhammer comienzan a adoptar un aspecto cadavérico que los brasileños Sarcófago llevarán un paso más allá con el lanzamiento en 1987 de I.N.R.I, álbum fundamental a la hora de definir el estilo musical del black metal y de fijar para éste unos códigos estéticos en los que el corpse paint se convierte en piedra angular.

Ahora bien, si abandonamos la perspectiva exclusivamente musical e indagamos aún más en las raíces culturales del corpse paint, habremos de retroceder muchísimo más en el tiempo, pues el uso de las máscaras y el maquillaje como forma de representar y/o contactar con la muerte y las fuerzas del mal es casi tan antiguo como la propia humanidad. El black metal, profundamente ligado al folklore nórdico, bebe en este aspecto del oskorei, ancestral mito de la Europa septentrional, occidental y central en el cual una espectral legión de cazadores asolaba la tierra en búsqueda de presas humanas, y en cuyas recreaciones los Harii (guerreros) pintaban sus cuerpos de negro para atacar a sus víctimas en la oscuridad. La tradición esotérica nórdica habla también de rituales en los que los elfos (brujos) cubrían sus cuerpos desnudos con cenizas de un fuego sagrado, para comunicarse e interactuar con los espíritus de sus antepasados y deidades. Ya en el siglo XX, cabe rastrear similitudes entre el corpse paint y el maquillaje utilizado en el cine expresionista alemán, deudor a su vez de una mitología teutónica entre la cual figura el oskorei.

Corpse Paint

Ya sea ligado o desprovisto de la espiritualidad que los más devotos le adjudican, el corpse paint pervive actualmente como rasgo más distintivo de las bandas de black metal, que continúan en su mayoría cubriendo sus rostros (y a veces los brazos y el torso) con pintura negra para representar la oscuridad y blanca para simbolizar la muerte. El uso de otros colores es realmente infrecuente, aunque bandas como Bloodbath, Gorgoroth o God Seed han incluido el rojo para representar la sangre y algunas más vanguardistas como Dødheimsgard han ampliado aún más la paleta. Otras, sin embargo, han optado por abandonarlo completamente, provocando un cierto cisma en una escena particularmente dogmática, que en ese sentido se debate entre la fidelidad a sus códigos y preceptos y la aversión hacia cualquier signo de vulgaridad o uniformidad. Bandas noruegas clásicas como Burzum, Satyricon o Emperor, que en su día utilizaron el corpse paint incluso como medida de protección frente al acoso policial, acabaron renunciando a él, alegando que se ha convertido en algo repetitivo, carente de sentido y hasta inmaduro. Una decisión que quizás rebaje la expresión de la militancia en el black metal de los grupos que la adoptan, pero que al mismo tiempo les libra de convertirse en una caricatura o en diana de la ridiculización, tal y como les ha sucedido a Abbath y Horg de Immortal, protagonistas a costa de su imagen de algunos de los montajes y memes más crueles e hilarantes que se pueden encontrar en la red.

Publicado en el número 2 (febrero de 2015) de la revista Nevermind