Honda Cafe Fifty – Ejercicio de buen gusto

Concebida como robusto vehículo de uso diario y construida a capricho hasta el último detalle por Borja, un obseso de las transformaciones de aspecto clásico y componentes modernos, esta preciosidad es la reencarnación de una Honda CB 750 Seven Fifty del 92 de la cual se ha mantenido únicamente la parte central del chasis de serie y el motor, elegido precisamente por su dureza y fiabilidad.

Honda Cafe Fifty

Partiendo de la idea de una moto baja, larga y gorda, de diseño sencillo y elegante, su propietario ha buscado una tetracilíndirica con la que moverse a buena velocidad sin que la flojera de su puño derecho y la potencia de una moto actual le traicionasen, y que tuviese además ese sonido, olor y comportamiento que sólo transmite una moto de 20 años. Una imagen y un objetivo al que Borja le ha estado vueltas durante mucho tiempo, y que finalmente ha podido llevar a cabo tras vender su anterior Ducati Sport Classic, disponer de un espacio adecuado en el que robarle muchas horas a los días y las noches y engañar a toda la familia para apoyarle y echarle más de un cable. Siendo la primera moto que transformaba en serio y desde cero, los problemas con los que se ha encontrado y que la experiencia quizás habría evitado no han sido pocos, pero bien han merecido la pena todos los esfuerzos (incluido el económico) a tenor de los resultados.

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La transformación comenzó con el desmontaje completo de la moto y la modificación del sub-chasis para adaptar el depósito de Honda CR y el colín de carreras, modificado a su vez para acortarlo y hacerlo más racing. A continuación se procedió a adaptar las horquillas de Ducati 999, alargándolas 5 centímetros, y a montar unas llantas de Ducati GT con discos de Aprilia RSV Mille, todo ello frenado por unas pinzas Brembo 4p4p, limadas para no interferir con los radios, y una bomba de freno de Yamaha Thundercat montada en unos semimanillares de Ducati 996. Por su parte, la suspensión trasera corrió a cargo de unos amortiguadores procedentes de una Yamaha XJR 1200. Dio algo de guerra el colector 4-1 original, sustituido a causa de las fugas por otro que fue forrado de cinta calórica hasta llegar al escape Termignoni de una Ducati GT.

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La instalación eléctrica se simplificó y se añadieron algunas golosinas como un velocímetro Koso Eclipse, puños Old School, espejos Oberon Streetfighter, mandos retrasados Raask y el disco trasero a medida, últimos detalles antes de pintar el chasis en negro mate, pulir las llantas y darle a la decoración roja con filetes en negro el aspecto de clásica moto de carreras de las que provienen sus piezas.

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Una moto, en definitiva, sin excesivas florituras pero con muchísima personalidad y que no pasa desapercibida, de presupuesto más que razonable y fruto de la paciencia, el empeño y la ilusión de un hijo trabajando en el garaje codo a codo con su padre. Como se suele decir, eso no tiene precio.

Publicada en el número 19 (julio de 2011) de la revista Cafe Racers