DEPEDRO – Papiroflexia Emocional

La apuesta más íntima y personal de Jairo Zavala (La Vacazul, 3000 Hombres, Amaparanoia…), aquella con la que el madrileño da rienda suelta a su faceta más cálida, relajada y aperturista, ya tiene continuación a su aclamado debut. Tras dos años de carretera infinita, buena parte de ella recorrida junto a Calexico en su doble rol de telonero y guitarrista de los de Tucson, ve la luz Nubes de papel, consolidación y ampliación de un expansivo crisol de influencias y matices que bebe con igual falta de prejuicios del flamenco, el blues o el folk y de los ritmos latinos, africanos o brasileños.

¿Cuáles serían las principales diferencias entre Nubes de papel y tu primer disco como Depedro?

Ha habido diferencias sobre todo en el proceso de grabación, que ha tenido lugar durante estos dos últimos años de viajes. No he esperado a tener todas las canciones acabadas para meterme un mes en el estudio a hacerlo. Si estaba en Arizona y por lo que fuera tenía una semana libre, intentaba pillar tres días de estudio y me metía ahí a grabar lo que tenía en la cabeza, y lo mismo aquí en Madrid. A nivel de composición y producción hay más colores, porque he tocado con muchos artistas en muchos festivales en diferentes países, con diferentes culturas, diferentes acentos… y todo eso acaba ahí, inevitablemente. También es un disco más reflexivo, he hecho mayor hincapié en las letras y me he currado más cómo depurar la emoción que quiero transmitir para que llegue de una manera más clara. Yo creo que ha sido por la cantidad de horas que me he pasado esperando aviones o metido en furgonetas (Risas).

Y a nivel personal, ¿qué ha cambiado en el Jairo Zavala que ahora presenta este álbum respecto al que arrancaba con su primer proyecto en solitario hace unos años?

Si antes era curioso, ahora lo soy más todavía, porque te das cuenta de que cuanto más conoces, más quieres saber y más maneras de interpretar las cosas quieres descubrir. A la hora de componer y de plasmar eso en canciones, todos los músicos somos un poco vampiros, vas absorbiendo influencias para enriquecerte y, sobre todo, para no aburrirte y no hacer siempre lo mismo. Por otra parte, ahora también tengo más paciencia, que es algo que desarrollas cuando tu avión se retrasa ocho horas o lo pierdes (Risas).

Imagino que en ambos aspectos habrá influido todo el tiempo que has pasado colaborando con la gente de Calexico.

A nivel humano, he aprendido de ellos un montón de cosas sobre cómo estar en la carretera, cómo relacionarte y cómo disfrutar de aspectos ajenos a los conciertos en cada país que visitas. Son gente realmente interesada en conocer otras culturas, Joey Burns probablemente sepa más de vinos españoles que tú y que yo, y eso es algo sorprendente. No son los típicos tíos que van por ahí y sólo se piden su fried chicken, estos son de los que están en Grecia y quieren probar el potaje de riñones más típico de la zona para conocerlo y ver qué les aporta. También colaboran con todo tipo de músicos sin prejuicio alguno, por el placer de tocar y porque cualquier encuentro, por casual que parezca, puede cambiarte la vida de repente o permitirte aprender cosas. A nivel musical, son músicos que no renuncian nunca a su voz, y toquen lo que toquen mantienen siempre su identidad propia. Esto es algo que no se aprende, pero que se ve y que creo que es importante. Al mismo tiempo son gente muy permeable, y de ellos aprendes la capacidad que tienen para entender la canción y para tocar lo necesario para que ésta llegue y emocione, ni más ni menos.

¿Sientes que trabajas a una escala muy distinta cuando lo haces fuera de España?

Sobre todo por el tema de las distancias. Como tengo la suerte de vivir en Madrid, aquí como mucho me hago seis horas de viaje y ya llego al mar, mientras que en Australia ir de una ciudad a otra te puede suponer días. El año pasado hicimos una gira por todo el midwest americano y para tocar en una ciudad después de otra tenías que conducir dieciocho horas, dormir ocho, levantarte, conducir otra trece, llegar, tocar y acostarte pronto porque al día siguiente te tocaba hacer lo mismo. El tema del viaje y la carretera da para mucho…

Uno de los primeros contactos que estas nuevas canciones han tenido con el directo fueron los conciertos que hiciste este verano junto a algunos músicos del Liverpool Institute For Performing Arts, una de las escuelas de música más prestigiosa del Reino Unido.

Fue a través de la AIE (Asociación de Intérpretes y Ejecutantes), que tiene un convenio con esa escuela y brinda a sus alumnos la posibilidad de colaborar con artistas reales y tocar su repertorio. Me pareció algo muy interesante y he aprendido mucho de ello. Cuando llegamos a Liverpool y empezamos a ensayar con aquellos chicos de entre 18 y 21 años, al principio aquello me pareció un desastre y me pregunté que dónde me había metido, pero al segundo día los chavales ya tocaban el repertorio y al tercero día me di cuenta de que todos estaban tocando un instrumento que no era el suyo, como parte de un ejercicio de apertura de mente. Fue una experiencia magnífica, sobre todo el recibir esa energía que tienes con 18 años, cuando te quieres comer el mundo y lo das todo de una manera pura.

Volviendo al disco, has incluido en él una versión del «What Goes On» de la Velvet. ¿Por qué la elegiste y qué enfoque quisiste darle?

Soy un fanático de la música, y la Velvet ha formado parte de mi aprendizaje musical como del de mucha gente. La versión está totalmente descontextualizada, me imaginé que sería divertido oír esa canción como si la hubiera arreglado Bernstein para la banda sonora de West Side Story. Hay unas palmas flamencas puestas como si las hubiera tocado un americano, conservando ese espíritu un poco naif y contraponiendo el rollo nihilista y de modernidad absoluta de la Velvet con el espíritu de integración de la inmigración y de otras culturas que tenía la película.

De hecho, la música de Depedro tiene un aire y un sentido muy cinematográfico.

A mí me gusta mucho el cine clásico, aquellos westerns con los que nos quedábamos embobados y pegados al sofá después de comer en verano… Pero sobre todo muy fan de compositores como John Barry o Leonard Bernstein, me flipa cómo la música puede llegar a colaborar con el séptimo arte. De los actuales, me gusta mucho cómo utilizan la música en sus películas los hermanos Coen, me resulta muy interesante aunque no parezca a priori que sea algo fundamental en ellas.

No puedo dejar de preguntarte por tus otros proyectos, especialmente La Vacazul. ¿En qué punto se encuentra ahora mismo la banda?

Tenemos casi acabado un disco al que sólo le falta parte de mi trabajo en el desarrollo de las voces. Lo que pasa es que, para finalizar ese proyecto al que todos los miembros le tenemos tanto cariño y que tan importante resulta en nuestras vidas, queremos estar todos al 100%, pero el día tiene sólo 24 horas y no da para más. Ahora mismo no sólo yo estoy liado con otras cosas, Javi Vacas también está muy involucrado con Los Coronas y Sex Museum… Yo no me esperaba en absoluto que con Depedro fuese a ocurrir todo lo que está pasando, pero creo que es un momento que tengo que vivir y que luego va a aportar cosas al grupo.

¿Y a qué crees que se ha debido que se haya recibido tan bien a Depedro y hayas contado desde un principio con una repercusión mediática tan notable?

Sobre todo fuera de España, ha pesado mucho que estuviera tocando como guitarrista de Calexico, me han llevado de la mano en cientos de conciertos. También ha influido que el disco haya funcionado y haya conectado con la gente, algo que no se sabe muy bien por qué ocurre. Hay artistas que tienen mucha repercusión en los medios pero luego no acaban de funcionar, pero Depedro lo ha hecho. Lo curioso es que el concepto de Depedro funciona igual en Madrid que en Luxemburgo, Israel o Canadá.

LA CONEXIÓN VETUSTA

Presentes como invitados en dos de los temas de Nubes de Papel, no es esta ni mucho menos la primera vez que el camino de Jairo se cruza con el de los tricantinos Vetusta Morla, viejos amigos y padrinos de la puesta de largo de Depedro cuando este proyecto no era más que un puñado de temas que no tenían cabida en los repertorios de La Vacazul ó 3000 Hombres y permanecían atesorados en un baúl aún sin forma ni nombre. “La colaboración surge de una manera natural”, relata Zavala, “porque, como todo el mundo sabe, los conozco desde hace un montón de tiempo del circuito de salas de Madrid, por el que ya pululaban diez años antes de que se les conociese masivamente. Son gente que hace muchas colaboraciones con otros proyectos y que tiene una inquietud por desarrollar su concepto musical que encaja muy bien con la filosofía de Depedro. Además somos muy colegas, su batera el Indio tocaba conmigo y me ayudó mucho al principio, cuando de hecho Vetusta fue el primer grupo que me invitó a telonearles y me dio la oportunidad de tocar las canciones que sabían que tenía por ahí guardadas. Me apoyaron de verdad”.

Publicada en el número 275 (octubre de 2010) de la revista Ruta 66


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