CINDERELLA. La Riviera (Madrid), 09/06/2010

Curioso ha resultado tener la oportunidad de tomarle el pulso, con apenas cinco días de diferencia, a las luces y las sombras de los que otrora fueran protector mecenas (Jon Bon Jovi) y aventajado alumno (Tom Keifer). Mientras uno, convertido en eterno chico del póster, revienta estadios a golpe de inofensivo y descafeinado pop rock para toda la familia, el otro, instalado en confortable Día de la Marmota, pasea por los casinos del Medio Oeste una discografía voluntariamente congelada hace casi veinte años. Nada esencialmente indigno ni glorioso en ninguno de los dos casos, si bien el corazón y la entrepierna invitan a decantarse por el que, aun economizando esfuerzos y entrega, mantiene su fidelidad al hard rock y todavía recuerda cómo extraer los quilates atesorados en Night Songs, Long Cold Winter o Heartbreak Station (Still Climbing continúa tan olvidado por Keifer como lo ha estado el Viejo Continente hasta esta sorpresiva escapada trasatlántica). No cabía esperar grandes alardes y no los hubo, ni en duración ni en despliegue de energía, pero tampoco hubo lugar para la decepción ni el reproche hacia una banda que aún hace gala de un muy aceptable estado de forma, despacha lo suyo con más dignidad y coherencia que la mayoría de sus coetáneos y no necesita recurrir a los excesos de pirotecnia o nostalgia para satisfacer a un público que, dicho sea de paso, venía de casa más que predispuesto a ello. Para alguien que vio pasar su tren hace ya dos décadas, más que suficiente.

Publicada en el número 273 (julio/agosto de 2010) de la revista Ruta 66