Shangaan Electro – El hipercinético latido de Soweto

No es sólo un baile, ni un estilo musical. Es el movimiento, el sonido y el latido de todo un pueblo. Un latido muy, muy rápido, que desencaja los huesos y pulveriza cualquier récord para llegar a unos vertiginosos 189 beats por minuto capaces de hacer morder el polvo al más experto en la pista de baile. Sin embargo, no es en los clubs de ninguna populosa urbe donde el Shangaan Electro tiene su origen, sino en las calles de las poblaciones de la septentrional provincia sudafricana de Gaza, hogar de la etnia Tsonga y cuna del sonido Shangaan tradicional, caracterizado por las fluidas líneas de guitarra y percusión ejecutadas en su día por artistas como Thomas Chauke, Peter Tangwena o el General MD Shirinda, conocido por su participación en el mítico y multiplatino “Graceland” de Paul Simon.

Shangaan Electro

Eso fue en 1986, y tras esa puntual exposición al público masivo, el Shangaan continúo recluido en las ondas de Munghana Lonene FM, una pequeña emisora que emitía en tsonga y cuyo alcance apenas incluía la región de Limpopo, origen del hombre que lo cambió todo: Richard Mthetwa, más conocido como Nozinja. Creador, ideólogo, padrino y embajador del Shangaan Electro, Mthetwa pasó de regentar una tienda de reparación de móviles a dotar de voz a toda una generación, respetuosa con la identidad y la herencia de sus mayores pero ansiosa por desarrollar un lenguaje propio.

Tomando como base la tradición folk de la región, el Tsonga Disco y el Kwaito House (un híbrido de house, hip-hop y sonidos locales, nacido en las ciudades africanas post-apartheid y popularizado gracias al “Township Funk” de DJ Mujava), el revolucionario renacimiento eléctrico del Shangaan reemplazó el protagonismo del bajo y la guitarra por la marimba y el órgano, recortando los ritmos originales y repitiéndolos a una velocidad frenética, acorde con unas aniñadas voces en inglés reminiscentes del hardcore de principios de los 90. Una fórmula concebida por y para el baile que, tal y como cabía esperar, despertó pocas simpatías entre los sectores más conservadores, pero fue abrazada por toda una legión de jóvenes que se lanzaron a los brazos de un Nozinja que, en la más pura tradición punk, se encargaba de recorrer todo Limpopo en su furgoneta distribuyendo en forma de cassetes, CD-Rs y DVDs los cada vez más numerosos lanzamientos de la discográfica Nozinja Music.

Shangaan Electro

Fue en 2009 cuando la percusiva, colorista y superacelerada maquinaria de Mthetwa llamó la atención del musicólogo y productor radiofónico Wills Glasspiegel (casualmente oriundo de Chicago, cuna de un movimiento con tantos puntos en común con el Shangaan Electro como es el Footwork), responsable de abrir las puertas del éxito internacional de Nozinja al ponerle en contacto con Honest Jon’s, sello del ubicuo Damon Albarn. Seis meses después vio la luz “Shangaan Electro: New Wave Dance Music From South Africa”, recopilación que incluía seis producciones de Nozinja de una serie de artistas entre los que destacaban sobremanera los Tshetsha Boys, una inquietante troupe de bailarines enfundados en monos naranjas y máscaras de payaso cuyos videos (en los que danzan como si estuvieran poseídos y no tuviesen un sólo hueso en el cuerpo) no tardaron en convertirse en un fenómeno viral vía YouTube.

 

El siguiente lanzamiento y espaldarazo definitivo para el Shangaan Electro fue “Shangaan Shake”, colección de remixes con la que la nobleza del techno y la electrónica (Ricardo Villalobos, Actress, Theo Parrish, Rashad & Spinn, Hype Williams) bendijo un nuevo movimiento que pronto se extendió por los clubes de toda Europa. Mientras, en su Sudáfrica natal, éste se trasladaba de las zonas rurales a las calles de Soweto, donde empezaron a ser frecuentes “competiciones” callejeras de baile en las que no había ganadores ni jurado, exceptuando a un Nozinja que las utilizaba para seleccionar y reclutar a quienes serían sus acompañantes en sus giras y actuaciones en festivales como el Sónar barcelonés, clubes como el Berghain berlinés o escenarios como el del Barbican, que en 2011 compartieron con uno de los múltiples supergrupos de Albarn, Rocket Juice And The Moon.

Actualmente, nombres como los de Tiyiselani Vomaseve, Nkata Mawewe o los Tshetsha Boys (cuyos monos naranjas se han convertido en el uniforme oficioso de los shagaan) forman ya parte del vocabulario y la agenda de los aficionados a la electrónica más adrenalínica y febril, si bien sigue siendo Nozinja quien ostenta el cetro del movimiento, lo cual ha refrendado este mismo año su fichaje por el sello británico Warp Records. Bajo él ha visto la luz el single “Tsekeleke”, al que está previsto que siga un larga duración y la consecuente gira de presentación, en la que Nozinja no abandonará su furgoneta para, de forma paralela a sus actuaciones, continuar impartiendo talleres con los que extender la palabra del shangaan y enseñar a bailar a los nuevos fieles como si todas sus vértebras les hubieran abandonado.

Ponte tu mono naranja y danza, maldito.

Publicado en el número 1 (enero de 2015) de la revista Playlist