ALBERTUCHO – Bandera Pirata

“En este disco me encuentro a mí mismo y todo lo que ha ido pasando por mi vida, y veo que lo he expresado de una manera muy natural. En esta profesión, si tienes inquietud y lo haces de corazón, al final te vuelves un melómano, y eso es lo que me ha pasado a mí. Me gusta tanto la música que quería no cambiar, pero sí hacer un punto y seguido, reposar todo lo que he escuchado y hacer un disco con el que yo esté contento y con el que me sienta identificado”. La voz y la mirada de Albertucho no reflejan sino franca satisfacción a la hora de referirse a Palabras del Capitán Cobarde, un álbum con el que el sevillano dimite en buena medida de parte de los tópicos del rock estatal con los que hasta ahora se le asociaba y se adentra en un nuevo escenario en el que resuenan, aun con indisimulado acento andaluz, reconocibles ecos de Waits, Dylan o Petty. “Me sigo sintiendo con el espíritu que tenía con 16 años, pero con otros gustos y otras influencias”, argumenta. “Mucha gente puede decir que he perdido distorsión, porque uno crece y va conociendo otras cosas, pero la tensión no se pierde. Hay otros instrumentos, te pega la patada en el pecho de otra manera. Para que haya tensión y agresividad no hace falta una guitarra al 10 ni hacer heavy.”

Albertucho

No son pues los posibles reproches sobre falta de electricidad los que pueblan ahora su cabeza, sino las ganas de acercar sus nuevas inquietudes a todo aquel que quiera acercarse a conocerlas en la gira de teatros que, desde esta primavera y hasta no se sabe cuándo, le llevará por toda la Península. “El disco está muy bien, pero en directo todo pilla más coherencia, la gente ve el trabajo completo y este cambio tiene más sentido todavía. Desde lo cuidado de la escenografía hasta las ganas que yo tengo de interpretar, soltar la guitarra y dejarme llevar un poco. También llevo más músicos, porque no quería tener un disco bien arreglado y un directo que se quedara cojo”.
Le están sentando bien, sin duda, los nuevos aires y esa reposada ética de trabajo del que se toma su tiempo para hacer las cosas sin complicarse la vida más de lo necesario. “Ahora quizás estoy empezando a ser consciente de mi vida, porque yo de chico simplemente me dejaba llevar”, reconoce. “Mi día a día es ir mirando a los lados, fijándome en las cosas y haciendo canciones, eso es básicamente lo que me mueve. Trato la música como una forma de artesanía, y encuentro en ambas un punto en común que es la paciencia. Mi filosofía es no hacer lo que me digan, sino lo que me apetece”.

Publicada en el nº 272 (junio de 2010) de la revista Ruta 66


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